
El ser humano posee la capacidad de asociar sensaciones, procedentes de los 5 sentidos y relacionarlas con conceptos, que a su vez generan sentimientos y emociones. Los aromas también están cargados de metáforas y simbolismos que pueden ser determinantes de comportamientos sociales. Si un olor tiene la capacidad de alterar el sentido del humor o la percepción de una comida, puede también persuadir a una persona a que compre lo que huele.
El marketing olfativo considera que el sentido olfativo es el más importante porque está directamente ligado a la memoria y sentimientos. Un aroma dispara nuestra memoria, la memoria influye en nuestras emociones, nuestras emociones nos provocan un estado de ánimo, y ese estado de ánimo dicta nuestra reacción. El Aromarketing trata de unir la memoria, la emoción, el producto y la marca.
Las singularidades culturales ejercen, de todas maneras, una influencia decisiva a la hora de formular un producto que seduzca al olfato. Los únicos aromas que no tienen fronteras son los relacionados con la naturaleza, tal vez una fruta o una flor. Seguramente el aroma a café o pan que gusta en España no será el mismo que les gusta en Estados Unidos no?
Los aromas que cotizan alto en las Pymes locales: chicle, uva, melón y vainilla... fragancias en busca de un cliente fiel y duradero.
